Casi que el acoso escolar es una noticia que se repite peligrosamente. Y parece no tener fin, sino que se acrecienta.
En la ciudad de La Plata se han sucedido varios casos en distintas escuelas en pocos días. Y de distinta gravedad, tanto entre alumnos, como amenazas a los docentes.
Llegando en algunos casos a agresiones que terminaron con los agredidos en el hospital, revistiendo heridas de gravedad.
Los hechos no discriminan a mujeres ni a varones, tanto unos como otros son víctimas y victimarios.
Van de peleas entre pares por cuestiones personales o raciales, como entre grupos de un colegio contra otros.
En algunos casos se han utilizado armas blancas y en otros, se han encontrado armas de fuego, que obviamente los menores no logran per se; sino que los adultos tienen su responsabilidad.
Es para especialistas la tarea de encontrar las causales de tales conductas.
Y es nuestra responsabilidad, la de ciudadanos, hacernos cargo de esta realidad y ver como entre nosotros y con las autoridades de los colegios, encontremos la forma de bajar estos niveles de chicos violentos hasta erradicarlo definitivamente.
La tarea no es fácil y prueba de ello es el esfuerzo que realizan los docentes y los equipos técnicos para enfrentar el acoso escolar que viven a diario en sus escuelas.
Cuando frecuentemente son estigmatizados por sus largas vacaciones y sus altos salarios por cuatro horas.
Claro que esta ironía es superada por los comentarios que se escuchan de gente común que desconocen lo que viven los docentes en sus aulas, no solamente por los hechos violentos con armas sino por las distintas problemáticas que deben atender a diario: chicos golpeados, abusados, acoso escolar,con enfermedades, desnutridos, chicos que desconocen de límites y de respuestas, de amor y contención.
Y cuando no, soportar a padres violentos que increpan a docentes porque entienden que éstos no son con sus hijos lo que ellos mismos no pueden ser.
Pobres con guardapolvos contra pobres padres que no saben como luchar con una realidad que se torna violenta cuando no les permite ser lo que desean y alcanzar las metas mínimas -al menos- necesarias, para llevar una vida mejor.
Cuan cerca podemos estar de nuestros hijos, cuando la realidad nos exige trabajar horas extras -padres y madres- y dejar para otros momentos lo que debemos saber y resolver hoy.
No podemos contenernos los adultos, cuando se cree que deberíamos hacerlo sin problemas, porque estamos acosados por las cuestiones diarias que requieren siempre de dinero y al no disponer de él, los problemas emergen unos tras otro, desatendiendo muchas veces lo que más queremos... nuestros hijos.
Que queda para los niños que viven en este mundo creado por los adultos, donde los políticos en campaña se insultan y difaman como una práctica diaria.
Donde los ciudadanos se pelean con lo que tienen a mano por una discusión de una mala actitud de manejo en cualquier calle de nuestro país.
Nos regimos por la fuerza del mayor en detrimento del menor, y nada nos importa; sólo prevalece lo que yo digo y hago, la intolerancia es un rasgo típico de estos tiempos y de esta forma será muy difícil que mejoremos nuestra calidad de vida.
Podremos darnos cuenta los adultos que somos los únicos responsables de la violencia que ejercen los niños sobre otros niños o nos seguiremos haciendo los pelotudos mirando para otro lado.
No hay distracción posible, urge mejorar estos aspectos de nuestra acotada y maravillosa vida.
No los condenemos, sintamos a esos chicos como nuestros y ayudémosnos, no hay otra forma.
El acoso escolar es un problema grave.
Soy Argentino, nacido hace 49 años en Loma Negra, Olavarría, tengo dos hermanos, soy casado con tres hijos y he dedicado parte de mi vida al trabajo Social. Soy Operador Terapeuta, he trabajado con chicos abandonados y en comunidades terapéuticas. He co-fundado hogares para chicos y ONGs. Me apasiona escribir, no soy un académico; pero si un observador de la realidad. Inquieto y convencido de ser un ciudadano con ganas de hacer una vida más digna cada día.
Mi Blog: www.palitososa.blogspot.com